El valor de los mitos

Posted by on Jun 25, 2012 in Blog | 0 comments

Resulta  evidente que mitos hay muchos, son distintos y no todos tienen el mismo valor. Algunos aportan claridad y por ello son valiosos y otros una oscuridad que los hace despreciables.

La acepción vulgar de mito se refiere a la ficción, lo irreal, lo falso. No es este sentido al que me refiero, más bien a la acepción clásica de mito. La Academia de la Lengua lo define como Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.”

Tras leer esta definición, rápidamente vienen a la mente Zeus en el Olimpo con su barba blanca y el rayo en su mano a punto de lanzarlo contra la tierra, Marte oculto tras un casco cargando con su escudo de guerra, Afrodita desnuda, los augures invocando la figura de Apolo en Delfos y cientos de pasajes de Homero, Ovidio y Virgilio.

Buscando más ejemplos se podría dar un salto a la mitología egipcia, maya, india y otras civilizaciones. Pero tras esta enumeración surge la pregunta de los límites entre la mitología y la religión. Estos límites son algo confusos y no cabe aquí abordarlos, pero en cualquier caso toda religión tiene componentes míticos.

Desde una perspectiva racional, se podría considerar la mitología como un género literario fantástico, disparatado y por tanto irrelevante para el conocimiento más allá de su importancia para los campos de la antropología y el folclore. Sin embargo, muchos mitos plantean problemas filosóficos, ideológicos si se quiere, que están plenamente vigentes porque tratan cuestiones universales que desbordan la realidad y afectan al hombre en multitud de aspectos.  Para muestra el mito por antonomasia: la caverna de Platón.

El valor de mitos como el de Prometeo, los establos de Augías o el Caballo de Troya está en la enseñanza de lo que tienen de verdad; en el planteamiento y la solución por así decirlo, no en que hayan sucedido realmente en la historia. Poco importa que Ulises no haya existido, tampoco Don Quijote existió y sin embargo varios de sus capítulos son auténticos ensayos filosóficos. Más en el extremo: ninguna fábula de Esopo pudo ocurrir en realidad y sin embargo son una fuente de sabiduría.

Los mitos ayudan a comprender algunas ideas de tal forma, que resulta difícil explicar determinados conceptos sin la ayuda del mito. Es el caso de las aporías de Zenón. Difícilmente se entenderá a la primera la teoría de la inexistencia del tiempo sin el cuento del atleta que intenta adelantar a la tortuga. Estas famosas paradojas no forman parte del ciclo mitológico griego pero ayudan a entender la idea.

Como ya había adelantado no todos los mitos tienen el mismo valor. Éste habría que tasarlo en función de las ideas que ayudan a entender y la importancia que éstas tienen. Y es aquí donde la mitología griega destaca. Precisamente porque en este contexto cultural impregnado de mitología se encontraban los grandes filósofos, matemáticos y políticos de la Grecia clásica que en muchos casos se servían de personajes, historias, tópicos, etc. para transmitir sus conocimientos. Aunque ellos mismos, especialmente neoplatónicos y escépticos denostaran estas creencias.

El recorrido de la mitología clásica ha sobrepasado completamente la civilización helenística, puesto que se fundió con la romana y ha llegado a nuestros días, manteniéndose incluso durante el cristianismo.

Esto tiene gran importancia puesto que esta mitología ha servido de ejemplo y campo de estudio para ciencias modernas como la antropología, etología, psicología, etc. De ahí  vienen múltiples casos tratados por Freud, Jung, Tylor, Levi Strauss, etc.

Las mitologías clásicas, griega y romana, tienen su importancia por los imperios griego y romano, y lo que comportan cultural, política y científicamente; de la misma manera que el latín es importante por Roma; el griego clásico por la Grecia clásica o el inglés por el imperio británico.

Que los aztecas creasen el mito de Quetzalcoalt, no tiene más valor que el histórico, que permite entender la razón del trato que Moctezuma dio a Cortés en un principio. El mito de Isis y Osiris no va más allá del contexto cultural egipcio. La diferencia de estas mitologías con la griega es que el valor de muchas de sus enseñanzas son universales y atemporales.

En algunos casos los mitos contienen enseñanzas prácticas envueltas en un halo fantástico. Así, la relación de animales puros e impuros del Levítico se puede considerar emic un mandato divino, y etic una dieta adecuada para evitar enfermedades.

Reconozco que este artículo no demuestra específicamente el valor de la mitología clásica, puesto que no he tomado los mitos uno por uno diseccionándolos para medir ajustadamente el valor de cada uno. Sin embargo sí apunta al criterio para poder valorarlos. De esta manera, he opinado y tomado partido con muy mala educación ya que hoy en día cualquier cuestión catalogada como cultura es terreno sagrado, inaccesible a la crítica. Oponer una cultura a otra supone una afrenta a los estándares de la corrección política. Pero a mi juicio, la mitología no es una categoría en la que todos sus elementos son homologables. Comparar la tradición mitológica griega con las hechicerías y adivinaciones africanas es tanto como oponer los ritmos del tam tam a las fugas de Bach.

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